Viva la República Carajo
Mi personalísima opinión sobre el conflicto universitario.
Está semana deberían haber arrancado las clases del primer cuatrimestre 2026 en la Universidad de Buenos Aires. No ocurrió y no parece haber solución en el corto plazo.
Como votante de Milei y estudiante de Computación en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, tengo obvias opiniones y sentimientos encontrados.
Facturas
Quizás lo mejor sea empezar con los factos, aquello que provoca, fundamentalmente, que los docentes hayan tomado esta decisión.
Hacia fines del 2025, el congreso sancionó la Ley de Financiamiento Universitario, que, entre otras cosas, recomponía los salarios docentes a diciembre de 2023. El ejecutivo primero promulgó un decreto vetando la ley, el congreso anuló el veto, luego en el presupuesto intentó voltearse la partida presupuestaria universitaria, el congreso eliminó el capítulo. Parece un ida y vuelta entre quien quiere que pase algo, el congreso y quien quiere evitar que pase eso, el ejecutivo.
Hoy, la ley está vigente pendiente de implementación.
Qué significa que una ley esté pendiente de aplicación, es más, que significa que el ejecutivo se niegue a implementar una ley? Ese fue la primer pregunta que me surgió con toda esta situación.
Quizás un poco por mi background en ciencias económicas, quizás pensado en las ideas que el gobierno dice abrazar, las del privado, imaginé como se vería esta situación en una empresa. Hagamos el siguiente experimento mental: imaginemos que el board de una empresa, quien toma las decisiones estratégicas, decide expandirse, abrir una nueva fábrica, invertir en capital. Le llevan la decisión al CEO y este les responde que no va a llevar adelante la expansión hasta que el board le diga de donde sacar los fondos. Seguro haya un par de intercambios de opinión y en última instancia, un cambio de CEO que pueda cumplir con los objetivos de los accionistas.
Argentina sufre, en mi opinión, de un síndrome de la monarquía democratizada. Cada cuatro años asume un presidente, cabeza del ejecutivo, y parece que tiene la autoridad de tomar decisiones en cualquier ámbito. “Armen un partido y ganen las elecciones” parece ser el único modo de definir el rumbo del país.
Es claro que en esta visión, el congreso pasa a un segundo plano. Si las leyes que dicta están alineadas a lo que piensa el presidente todo bien, sino las volteamos vetándolas y ignorando su implementación. Un ejecutivo que se niega a implementar leyes sancionadas por el congreso es igual que ese CEO que decide no acatar las decisiones del board.
Por eso parecería que este asunto del paro universitario debería ser simple de solucionar: hay una ley sancionada, hay un ejecutivo que se niega a aplicarla, debería existir un organismo encargado de resolver litigios, controversias entre partes o imponer penas, aplicando la ley de manera imparcial y garantizando el cumplimiento de los derechos debería intervenir. Ese es el rol de un Tribunal de justicia.
Cómo dijo Carlos: estamos en Argentina, Fenoglio, todo es una joda. Y en este caso el poder ejecutivo se niega a aplicar una ley sancionada por el poder legislativo mientras el poder judicial mira desde afuera.
Generando ventajas competitivas
La pregunta ahora es por qué al ejecutivo no le interesa aplicar la ley. La razón más lógica es que tener universidades públicas va en contra de los valores fundamentales del gobierno, achicar al mínimo cualquier gasto público, a fin de regularizar el desmadre financiero que viene arrastrando el país hace décadas. Y hay que dar la razón ahí (es uno de los motivos que me llevaron a votarlo).
Creo que el gobierno de alguna forma busca aplicar la teoría más clásica de la economía nacional: dejar que el país se dedique a lo que mejor hace, comerciando el resto. En nuestro caso, aprovechar los recursos naturales y enfocar todo el desarrollo productivo ahí. De ahí las que buscan aprovechar los recursos mineros.
Sin embargo, en La Ventaja Competitiva de las Naciones, quizás unos de los textos que más me quedaron en ciencias económicas, Michael Porter señala que el factor fundamental que determina el éxito de las economías nacionales es su nivel de productividad aquello que son capaces de hacer con el capital y trabajo. Visión que comparto 100%. Luego hacer mejores productos a un mejor precio y participar en el comercio mundial con ellos parece ser la mejor estrategia nacional.
Pensemos ahora en el país que centra su productividad en bienes primarios, commodities. Primero, los precios son fijos, internacionales. No hay mejor o peor calidad en la soja, igual te la van a pagar al precio que marque la bolsa de Chicago. “No pero la soja argentina es mejor que la brasilera”, son casi iguales, si te haces el loco con el precio van a comprarla a otro país.
En general con cualquier bien primario pasa lo mismo, los precios son fijos internacionales y hay un margen muy chico de calidad.
Pensemos ahora que hacen los países que no ofrecen productos primarios. China por ejemplo, mega-industrialización a costa de población esclavizada, muy eficaz en los números, malo para la gente de a pie. Vayamos a otro grande asiático, Japón, la gran roca sin recursos naturales que se convirtió en potencia mundial, cómo? Desde 1960 para acá, grandes empresas tecnológicas: Sony, Nikon, Toyota. De no ser nada, a una de las mayores potencias mundiales, a partir de comerciar productos de gran valor agregado a precios competitivos.
La clave? Inversión estatal en investigación y desarrollo tecnológico. Se dieron cuenta de que el comercio internacional debía ser el principal motor de la economía nacional y para participar deberían ofrecer los mejores productos al mejor precio.
En mi opinión, Argentina tiene que generar el mismo cambio en su participación en el mercado mundial, pasar de ser un oferente de materias primas, a un oferente de los mejores productos de valor agregado al mejor precio internacional.
Es por eso que ponerse en contra de las universidades atenta contra está mirada estratégica. Invertir en educación, graduados que puedan emprender en el país, productos de valor agregado que se puedan exportar. Esa es mi ecuación para el éxito del país.
Los pros y contras
Como todo en la vida, hay pros y contras; y el sistema público Universitario tiene cosas para mejorar. Creo que en general, aquel que obtiene un bien y/o servicio por un precio menor al que está dispuesto a pagar genera una ineficiencia en el mercado. Es un caso muy presente en las universidades, gente con muchos recursos, que podría pagar un arancel, aprovechando la educación gratuita.
La otra clara ineficiencia es la falta de incentivos para avanzar en la carrera, como no hay un sacrificio económico, no hay incentivos para aprobar materias, avanzar en la carrera, recibirse y salir al mercado laboral. Es un problema difícil de solucionar, ya que en mi opinión el mayor logro de las universidades es permitir estudiar carreras universitarias con la mayor calidad internacional, a jóvenes que de otra forma no podrían ni haber soñado con estudiar una carrera, conseguir un trabajo de calidad y sacar a su familia adelante.
Fin: cumplan la ley
Hay cosas para mejorar y hay prioridades a nivel nacional, pero cumplir una ley sancionada por el congreso es deber y obligación del poder ejecutivo, votado por este humilde estudiante de la UBA.
Viva la república carajo